Recuerdo perfectamente cuando vi por primera vez a Oliver. Lo recuerdo entrar a la tienda con su camiseta gris, el cabello largo y chino siempre alborotado y sus pantalones de mezclilla perfectamente ceñidos, jaja.

Se hizo amigo de Said y poco a poco me colé en esa relación, hasta que se volvió mi mejor amigo. Platicábamos todos los días, todo el día. No sé en qué momento me enamoré, solo sé que de un día para otro él era alguien especial en mi vida.

Con mucho miedo le confesé que me gustaba y, bendito Dios, después de hacerse del rogar unas 18 horas me confesó que el sentimiento era recíproco.

Empezamos a salir un poco desordenadamente. Tenía mucho miedo de no estar haciendo "las cosas bien".

Yo siempre tuve clarísimo que si iba a salir con alguien y ser su novia, quería que ese tiempo se invirtiera solo en una persona que valiera la pena para toda la vida. Y aunque en ese momento no sabía si eso buscaba Oliver, sí sabía que lo que sentía por él era muy fuerte.

Traté de ponerlo en manos de Dios, aunque no puedo negar que metí mucho de mi propia cuchara, jaja. Pero como a mí Dios me ama de sobremanera, me concedió que fuera él.

Nos hicimos novios, y en menos de tres meses de conocernos yo ya tenía claro que quería casarme con ese hombre.

No solo quería, sino que podía: pensábamos igual en las cosas importantes y a la vez éramos lo suficientemente diferentes en otras cosas que me permitía extender mi persona en todos los sentidos a su lado.

Hoy planeamos esta boda con muchísimo amor. Después de 6 años de novios, justamente el 10 de octubre de este año celebraremos no nada más nuestra boda, sino también nuestro séptimo aniversario. Me conmueve hasta las lágrimas pensar que esta historia de amor la podremos compartir a su lado.

Oli, me emociona ser tu esposa. Dios es bueno, y conmigo es INCREÍBLE.

Oliver

Conocí a Brenda en el trabajo. Yo tenía malas prácticas con la gente. El primer día me enfrentó y me dijo: “No le hables así. Es una persona. ¿Por qué lo haces?”

Cuando la invité a salir me dijo que sí, pero en la plática me repetía: “es que no podemos salir”. No me daba razones claras y yo no entendía nada. Después supe que era por el “yugo desigual”, por evitar una relación que quizá no funcionaría. Yo ni sabía qué era eso y me sonaba a locura.

En esa etapa de mi vida yo no veía un futuro claro. No hablo de nosotros, sino de mí. Estaba perdido, tomando decisiones sin pensar, viviendo por vivir. Brenda llegó con carácter y valores que me desarmaron.

Semanas después me llevó a una iglesia cristiana. Sentí miedo y vergüenza al entrar... no por el lugar, sino por ser yo quien volvía después de tanto tiempo. Ahí entendí: Dios me la puso en el camino para reconciliarme con Él.

Pero yo ya me había enamorado de ella. Aunque Brenda dice que fue ella la que se esforzó por enamorarme, la verdad es que yo siempre lo estuve... solo que nunca he sido bueno expresando lo que siento ni hablando de eso.

Con Brenda aprendí lo que es una relación real, con propósito. Al principio chocar con valores cristianos me sacudió, pero hoy agradezco cada debate, cada cuestionamiento, cada “¿por qué?”.

Desde los primeros meses supe que quería casarme con este ser lleno de luz. Y cuando me arrodillé y dijo que sí, la vi conmigo por la eternidad.

Brenda no llegó por casualidad. Llegó para salvarme y enseñarme que el amor, cuando viene de Dios, rompe cualquier yugo.

Brenda